Hacia el pensamiento de género

Primera Edición
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Los desarrollos del movimiento feminista, desde las políticas de la inclusión a las políticas de redefinición, desde la emancipación a la insubordinación, desde la igualdad a la diferencia introducen de manera importante un juego cambiante y dinámico de reapropiaciones y autodefiniciones simbólicas. Este punto de vista, requiere ser interpretado a partir de nociones fundamentales como los sistemas de género y relaciones de poder. Se trata de una reapropiación y autodefinición basada en la autosuficiencia para generar una idea de lo femenino, no desde la complementariedad sino desde el protagonismo social. 

En el marco de estas posturas revisionistas de los postulados de la modernidad, surge un postestructuralismo feminista, que supone el infinito despliegue de las diferencias dentro de las diferencias, apunta hacia la conformación abierta y plural de una subjetividad constituyente y no constituida. Este feminismo se manifiesta teóricamente como un rescate de las posturas esencialistas que le anteceden, posturas fudamentalistas, de resistencias, de reclamo, las cuales serán progresivamente sustituidas por un cuerpo teórico que cimienta el discurso feminista constructivista: un discurso crítico de género, el pensamiento de género. 

Este discurso adquiere dimensiones importantes, toda vez que se sitúa en la discusión sobre la vulnerabilidad de los paradigmas. La consideración de la periferia, en este caso el discurso de la mujer como postura que maneja una noción muy vinculada con la tesis del cambio que se registra en la concepción del mundo y del conocimiento, y con una expresión bien importante del lenguaje, es una realidad imposible de ignorar a partir de la segunda mitad del siglo XX.

Realidad social del nuevo siglo

En el siglo XXI es una realidad social que surge con características específicas que permite considerarlo como un producto cultural emergente, con una discursividad coherente en el ámbito global, multifacetario y con una multidisciplinariedad evidente, que impacta metodológica y epistemológicamente el quehacer científico social. Lo significativo es la confrontación de género y sexo como planteamiento neurálgico en el discurso crítico de género, pues conduce a la constitución de una subjetividad singular femenina que requiere la recuperación de la genealogía femenina, como necesidad de reconfigurar el orden simbólico y social. Se trata de la construcción de una metanarrativa emancipadora con una nueva arquitectura flexible, dinámica y reticular que singulariza la vigente sociedad de la información que ha ido desarrollando otro tipo de discurso feminista superador de la perspectiva epistemológica de lo mismo.

El discurso feminista crítico es un testimonio que da cuenta de la visualización de la realidad con una interpretación equilibrada, razonada de la posición de la mujer a través de la noción de vida, de la noción de realidad, y de la noción de sujeto universal donde encuentra su lugar. Es la expresión de una hermenéutica de género que expone el imaginario femenino postmetafísico, posthumanista y post ilustrado con las consecuencias fundamentales de la crítica postmodernista. 

Es importante destacar que este discurso posee una vocación multicultural, sostenible con un principio hermenéutico de choque de interpretaciones desde la premisa de la reducción de la violencia, potenciando las virtudes del sujeto femenino y su capacidad visionaria comprendida como la autoafirmación de una ultimidad silenciadora del resto de las diferencias, que intenta evitar los efectos totalizadores derivados del sostenimiento de una otredad replegada hacia sí misma. 

Así pues, se trata de darle a las prácticas estratégicas discursivas otro tono al conocido hasta entonces. Este sujeto se hace presente en los centros de discusión con derechos civiles, jurídicos, políticos, académicos, empresariales y culturales plenamente conquistados y en consecuencia han adquirido un valor significativo en la construcción del Estado-Nación con un papel de sujeto histórico y social reconocido en las sociedades discursivas, derivando la construcción de una hermenéutica femenina que sitúa a las mujeres en el papel de hablantes con derecho a crear sus propias narrativas y su propia teoría crítica feminista o estudios de género.

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