Legalización del aborto en América Latina: la lucha contra los ideales conservadores

Primera Edición (1)
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Los aspectos que rigen al aborto en América Latina son sumamente contradictorios. Es posible apreciar que cada uno de los conflictos que han existido y continúan existiendo representan a la sociedad latinoamericana. Sin embargo, no todo es malo. Un enfoque positivo es que durante las dos últimas décadas, se ha hablado exhaustivamente en las Cortes latinoamericanas sobre el aborto. Recordando así que esta lucha marcó su inicio hace más de 30 años, aproximadamente. 

Los objetos finales de estas discusiones se pueden ver en la situación general de la región. Argentina y Uruguay concretaron su despenalización, Chile y Bolivia ampliaron sus justificaciones y avanzan en discusiones parlamentarias. Perú despenalizó en caso de violación. Paraguay, Brasil, Venezuela y Centroamérica no tienen avances sobre el tema. En Ecuador el aborto se despenaliza en tres causales: amenaza de la mujer o la salud de la mujer, inviabilidad del feto y la violación.  El aborto es legal en Colombia en casos de violación, incesto o inseminación artificial sin consentimiento, malformaciones fetales graves incompatibles con la vida y para proteger la vida o la salud. En México se despenaliza en Ciudad de México, Oaxaca, Hidalgo y Veracruz

Al tomar en cuenta los inicios de esta lucha en el continente, es preciso decir que esta se encontraba regida por movimientos sociales que, actualmente, son los protagonistas frente a temas relevantes de justicia de género, política, religión, entre otros. De este modo, a mediados de la década de los ochenta, se empezó a adentrar en la literatura ciertos aspectos de movilizaciones, que luego pasaron a cumplir un rol significativo en discursos enfocados a estrategias sociales. Logrando así su principal objetivo: protestar y exigir cambios que revolucionen al mundo entero.

En contrariedad, según la Colección Siglo XXI Editores, uno de los retos que atraviesa el proceso de despenalización en el continente es contradecir los ideales conservadores implantados por la religión católica y evangélica. Así pues, quienes lideran cada una de estas creencias defienden firmemente los procesos de restricciones frente a limitar y casi abolir la despenalización del aborto.

En los tiempos actuales se realiza un aproximado de 19 millones de abortos ilegales en el continente latinoamericano, de los cuales un 60% representa la tasa de mortalidad de las mujeres que participan en dichas interrupciones. Así, según el Guttmacher Institute, llevar a cabo estos procedimientos de forma legal puede aportar múltiples beneficios en la salud de la sociedad, aumentar los ingresos de las familias, propiciar la igualdad de género y asegurar el bienestar de los niños que sí son concebidos.

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